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Mi método

Cómo corrijo a mis alumnos y por qué mi sistema funciona

Voy a contar cómo trabajo la corrección de errores en mis clases, porque es una de las cosas de las que estoy más orgullosa como profesora y creo que marca una diferencia real en cómo aprenden mis alumnos.

Empiezo por lo honesto: llevo meses dando clase, no años. No tengo un máster en ELE ni formación reglada en lingüística. Lo que sí tengo es toda una vida obsesionada con el español. Con cómo funciona, con por qué una frase suena bien y otra suena rara aunque las dos sean "correctas", con las preposiciones que se resisten a las reglas, con los matices que un nativo percibe sin saber explicar. Llevo años, en realidad, corrigiendo a mi gente cercana sin poder evitarlo, porque me importa que la lengua se use bien y con precisión. Cuando empecé a dar clase, esa mirada ya estaba entrenada. Lo único que hice fue ponerla al servicio de mis alumnos y construir un sistema alrededor.

Este sistema lo he montado yo desde cero, observando a mis alumnos con mucha atención y afinando lo que funciona. Cuando después he leído lo que dice la investigación en adquisición de segundas lenguas, resulta que va exactamente en la misma dirección. Por eso sé que mi intuición y mi lógica, en esto, funcionan.

Antes de corregir, trabajo la mentalidad

Todo lo que voy a contar a continuación se apoya en algo que para mí es innegociable: tienes que perder el miedo a equivocarte. Si no, da igual lo bien calibrada que esté mi corrección, porque te vas a bloquear igual.

Por eso en mis clases hacemos sesiones reales de coaching. No como un extra ni como algo separado del idioma, sino como parte del trabajo. Con ejercicios, retos y pequeños juegos ayudamos a tu mente a entender algo que sabemos en teoría pero nos cuesta interiorizar: que aprender cualquier cosa nueva necesita del error para llegar al dominio. No es que se pueda aprender a pesar de los errores, es que sin errores no hay aprendizaje posible.

Y lo que trabajamos aquí no se queda en el español. La seguridad para lanzarte a hablar aunque no salga perfecto, la capacidad de sostener un intento imperfecto sin abandonarlo, la relación sana con el error como parte del proceso, todo eso es aplicable a cualquier ámbito de tu vida. Muchos alumnos me dicen que lo que aprenden conmigo con el idioma lo acaban usando también en su trabajo, en sus relaciones o en otros proyectos personales. Y eso, para mí, es una parte de la clase tan importante como la gramática.

Ni interrumpir todo el rato, ni dejarlo pasar

El gran dilema de cualquier profesor de idiomas es qué hacer con los errores. Si corrige cada dos frases, el alumno se bloquea, deja de hablar y la clase se convierte en un examen. Si no corrige nunca, los errores se fosilizan y el alumno se estanca. Mi sistema resuelve esa tensión, y lo hace de forma distinta contigo que con cualquier otra persona.

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Primero, te calibro

No todos aguantamos lo mismo. A unos les ayuda que les pare en el momento; a otros se les rompe el hilo y se cierran. Antes de decidir cuánto voy a intervenir, te observo. Contigo ajusto mi nivel de corrección en directo a lo que tú concretamente necesitas. Nunca aplico la misma receta a todos.

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Fluidez y precisión son dos modos distintos

En una clase hay momentos en los que lo importante es que hables, te atrevas, sostengas el discurso. Y hay momentos en los que lo importante es afinar una estructura concreta. Son dos modos de trabajo y requieren dos tipos de corrección. Cuando estamos en fluidez, corrijo poco y de forma implícita, muchas veces simplemente reformulando lo que acabas de decir sin interrumpirte. Cuando estamos en precisión, corrijo en el momento y con explicación. Alternar los dos modos es lo que evita los dos extremos: hablar mucho pero fosilizar, o dominar la teoría pero no arrancar a comunicarte.

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Yo tomo notas de todo, siempre

Corrija en directo o no, yo apunto todos los errores que detecto durante la clase. Esta es una de las cosas que más impacto tienen y de las que menos se habla. Si solo apuntara lo que corrijo, perdería la mitad del mapa. Con el registro completo puedo ver qué errores son sistemáticos y cuáles son lapsus puntuales, y puedo seguir tu evolución a lo largo de las semanas.

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En clase priorizo, en el feedback escrito doy todo

Al final de la clase comentamos entre dos y tres errores, los que de verdad merece la pena que te lleves activos y trabajes. Más de eso no te cabe. Pero después te envío un documento de feedback por escrito con la corrección completa de todo lo que registré. Los prioritarios son para trabajar; el resto te queda como material de consulta y como registro de tu propio progreso. Así tienes foco y también tienes el mapa entero.

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Agrupo los errores por categorías, no por orden

Mi feedback escrito no es una lista cronológica de fallos. Lo organizo por categorías: preposiciones, artículos, omisión de verbo, naturalidad, y las que hagan falta según tu caso. Y esto lo cambia todo. En lugar de ver "cometí muchos errores variados", ves "tengo un foco claro con las preposiciones". Puedes comparar tus feedbacks de distintas semanas y ver por ti mismo cómo evolucionan cada una de tus categorías. Y a mí me da un mapa diagnóstico para planificar la siguiente clase sin tener que releer nada.

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No todo error necesita una explicación

Dentro de cada categoría explico solo cuando la explicación aporta algo. Muchos errores de preposición o de artículo, sobre todo si tu lengua materna es muy distinta del español, no se resuelven con reglas: se resuelven con exposición y con memorizar combinaciones fijas. Ahí, la corrección limpia y en contexto vale más que un párrafo teórico que no vas a usar. Reservo las explicaciones para los errores cuya lógica sí es generalizable. Y para la categoría de naturalidad, donde has dicho algo gramaticalmente correcto pero que un nativo no diría así.

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Mis categorías no vienen de un manual, vienen de mis alumnos

Enseño a hablantes de polaco, ruso, italiano, japonés, inglés, portugués y más. Cada lengua materna genera un perfil distinto de interferencias. Mis categorías de corrección no son las de un manual genérico: han ido apareciendo del trabajo real con mis alumnos. Por eso tengo, por ejemplo, una categoría de "omisión de verbo" que no encontrarás en manuales estándar y que es imprescindible con hablantes de lenguas eslavas. Enseñar bien no es aplicar una plantilla, es adaptarla a la persona que tengo delante.

Lo que he contado aquí parece un método, y en cierto modo lo es. Pero yo no me senté un día a diseñarlo. Es, sencillamente, cómo funciono. Llevo toda la vida escuchando la lengua así y no sé mirarla de otra manera. Lo bueno es que eso, aplicado a la enseñanza, funciona muy bien para mis alumnos.